Los museos del mundo patriarcal están llenos de obras de arte hechas por hombres que, eso sí, desde siempre han dedicado buena parte de su creatividad a la representación de mujeres. Hoy, las imágenes de mujeres, en la fotografía, en la publicidad o en el cine, siguen siendo obra de hombres y se dirigen a la mirada de hombres, por lo que a menudo dicen menos de las mujeres que representan que de los retratistas y de los espectadores, con sus cánones estéticos y sus expectativas viriles. Visibles es obra de una mujer.
Las modelos retratadas en Visibles son totalmente reales. Cualquier parecido con modelos irreales al uso, vivas o muertas, sería una coincidencia.
Si la fotografía suministra imágenes de mujeres modélicas a hombres modélicos, el material fotográfico no hace sino servir a este mismo objetivo
Quizás sea útil recordar que la palabra modelo proviene de la palabra latina mos, que a su vez está en la raíz etimológica tanto de los modos como de la moda, de los modales y de los módulos, la modernidad y, sobre todo, la moral. Si la moral determina nuestro modo de pensar, nuestro modus operandi y nos ayuda a diferenciar los buenos de los malos modos, la moda representa su parte física y óptica y las modelos son su máxima expresión.
Por la moral, los modelos y los buenos modales patriarcales, un hombre modélico es invendible y no se vende a nadie, mientras una mujer invendible, se entiende, no se puede vender. Allí radica la diferencia entre hombres públicos y mujeres públicas, que suelen coincidir, pero nunca en público. El hombre modélico se supone ilustrado, la ilustración es su dominio, mientras las mujeres modélicas se dedican a las ilustraciones. El hombre modélico opina que ser modelo es asunto de mujer y que un modelo hombre sería sospechoso de ser homosexual, como también lo es, por el otro lado, toda mujer no apta para ser modelo. Será por eso que, en un mundo de médicas y arquitectas, la modelo esté tardando en convertirse en modela, o tal vez sea porque no existen mujeres ilustradas que quieran convertirse en ilustraciones y optar a la profesión.
Si la fotografía suministra imágenes de mujeres modélicas a hombres modélicos, el material fotográfico no hace sino servir a este mismo objetivo. Mientras suele ser un hombre quien mira por el visor de una cámara para exponer su visión estética y exhibir su poder, suelen ser mujeres las que se exhiben delante del objetivo y exponen lo que a los ojos de los hombres es belleza.
Si la fotografía fuera un dominio de mujeres, los modelos serían diferentes y quizás las cámaras serían más ligeras, los objetivos hubiesen crecido a lo ancho y no a lo largo y el papel fotográfico sería otro. El brillante papel cuché añade una capa de maquillaje adicional a caras ya maquilladas y aumenta su esplendor y con su superficie impecablemente lisa hace menos visibles los poros, las impurezas, las arrugas y todas estas marcas físicas que podrían revelar algo de la historia de la persona retratada y que le dan personalidad.
La mujer modélica retratada en papel cuché pretende ser justo lo contrario, impecable, sin historia, ni personalidad. A menudo resulta casi imposible retener los rasgos de las modelos y distinguirlas individualmente ya que sus caras perfectas resultan intercambiables.